Ciudad que llevas dentro mi corazón, mi pena, la desgracia verdosa de los hombres del alba, mil voces descompuestas por el frío y el hambre. Ciudad que lloras, mía, maternal, dolorosa, bella como camelia y triste como lágrima, mírame con tus ojos de tezontle y granito, caminar por tus calles como sombra o neblina. Soy el llanto invisible de millares de hombres. Soy la ronca miseria, la gris melancolía, el fastidio hecho carne. Yo soy mi corazón desamparado y negro. Ciudad, invernadero, gruta despedazada. Bajo tu sombra, el viento del invierno es una lluvia triste, y los hombres, amor, son cuerpos gemidores, olas quebrándose a los pies de las mujeres en un largo momento de abandono -como nardos pudriéndose. Es la hora del sueño, de los labios resecos, de los cabellos lacios y el vivir sin remedio. Pero si el viento norte una mañana, una mañana larga, una selva, me entregara el corazón desecho del alba verdadera, ¿imaginas, ciudad, el dolor de las...